Ayer fue
ya un día de trabajo intenso. Allí, en medio de la vorágine de la muy céntrica
Calle Goya de Madrid, con una reunión tras otra, una entrevista tras otra,
prestando la más mínima atención a los detalles para no ser injusto con ninguno
de los candidatos que, frente a mí, se jugaban su futuro profesional, era
difícil retrotraerse a apenas 45 días atrás....
En
aquellos días, prácticamente aislado entre las maravillosas montañas del País
Vasco, con un paisaje que levantaba el alma, en un albergue rural, se
desarrollaba un curso de clown y emociones...
No hablaré
aquí del maravilloso curso ni de los fantásticos compañeros, no procede; si
procede, sin embargo, hacerlo de nuestros anfitriones, una pareja fantástica,
joven, con una preciosa niña de 16 meses a la que había que hacer verdaderos
esfuerzos para no estar todo el día abrazándola y "comiéndosela a
besos"
¡Qué decir
de su atención, su simpatía, su permanente sonrisa; de cómo compartieron con
nosotros alegrías, ilusiones y proyectos; de la reacción y la cara del padre
cuando la niña se cayó por la escalera, en un instante de descuido, y se hizo una
pequeña brecha en la frente; del cariño y la serenidad con que la atendió su
madre...
Fueron
sólo dos días, pero suficientes para quedarnos enamorados de familia y lugar,
para comprobar, emocionados, que
"se pueden hacer realidad los sueños" para compartir su ilusión y
felicidad.
Qué lejos quedaba
ayer todo aquello cuando, al intentar regresar a casa, nos dicen que el
servicio de tren está suspendido "por actuación policial" y la única
explicación y respuesta que me dan es "que me vaya a coger el
autobús"...
Qué tremenda
sensación de enfado cuando, al llegar a la estación en la que se encuentra la
terminal de autobuses, al salir, no hay nadie para atenderme ni, por supuesto, para
escuchar mi queja y devolverme, al menos, el importe del billete no
utilizado...
El viaje
en el autobús lo pasé "rezongando" ¡qué lejos estaban aquellos días
maravillosos!
Al final
llegué a casa muy enfadado, ¡casi una
hora más tarde de lo que hubiese debido! y, encima, con el coche en la estación
de tren.... ¡lo mínimo que se imponía era una reclamación y pensaba si podría
ser una demanda!
Al llegar
a casa abrí el correo y todo tomó una nueva dimensión. Una amiga me compartía
una noticia...
Este fin
de semana, en un terrible accidente, una furgoneta colisionaba con un
todoterreno en una estrecha carretera de montaña del País Vasco, despeñándose.
La noticia recibida anunciaba el fallecimiento de un bebé de 16 meses y su
abuela. El padre estaba grave, con la cadera rota, y la madre había sido ya
dada de alta...
En este
momento me cuesta escribir... Sí, ¡eran ellos!...
¿Dónde
quedaban mis "tremendos problemas"?...
De verdad
que no estoy en este momento para "exprimir moralejas"
Llevo
tiempo pensando en "inaugurar este blog" así que sirvan estas
reflexiones para hacerlo en homenaje a estas personas maravillosas cuyas vidas
han sido sometidas a tan tremenda prueba y como postrer abrazo a su hija
Ojalá que
la vida sea capaz de recompensarles como merecen en el futuro y les deje
cicatrizar tan tremenda herida.
Andrés, Idoia...
¡os quiero!...
Ysel

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