miércoles, 4 de septiembre de 2013

Relatividad....

Ayer fue ya un día de trabajo intenso. Allí, en medio de la vorágine de la muy céntrica Calle Goya de Madrid, con una reunión tras otra, una entrevista tras otra, prestando la más mínima atención a los detalles para no ser injusto con ninguno de los candidatos que, frente a mí, se jugaban su futuro profesional, era difícil retrotraerse a apenas 45 días atrás....

En aquellos días, prácticamente aislado entre las maravillosas montañas del País Vasco, con un paisaje que levantaba el alma, en un albergue rural, se desarrollaba un curso de clown y emociones...

No hablaré aquí del maravilloso curso ni de los fantásticos compañeros, no procede; si procede, sin embargo, hacerlo de nuestros anfitriones, una pareja fantástica, joven, con una preciosa niña de 16 meses a la que había que hacer verdaderos esfuerzos para no estar todo el día abrazándola y "comiéndosela a besos"


¡Qué decir de su atención, su simpatía, su permanente sonrisa; de cómo compartieron con nosotros alegrías, ilusiones y proyectos; de la reacción y la cara del padre cuando la niña se cayó por la escalera, en un instante de descuido, y se hizo una pequeña brecha en la frente; del cariño y la serenidad con que la atendió su madre...

Fueron sólo dos días, pero suficientes para quedarnos enamorados de familia y lugar, para comprobar, emocionados,  que "se pueden hacer realidad los sueños" para compartir su ilusión y felicidad.

Qué lejos quedaba ayer todo aquello cuando, al intentar regresar a casa, nos dicen que el servicio de tren está suspendido "por actuación policial" y la única explicación y respuesta que me dan es "que me vaya a coger el autobús"...

Qué tremenda sensación de enfado cuando, al llegar a la estación en la que se encuentra la terminal de autobuses, al salir, no hay nadie para atenderme ni, por supuesto, para escuchar mi queja y devolverme, al menos, el importe del billete no utilizado...

El viaje en el autobús lo pasé "rezongando" ¡qué lejos estaban aquellos días maravillosos!

Al final llegué a casa muy enfadado,  ¡casi una hora más tarde de lo que hubiese debido! y, encima, con el coche en la estación de tren.... ¡lo mínimo que se imponía era una reclamación y pensaba si podría ser una demanda!

Al llegar a casa abrí el correo y todo tomó una nueva dimensión. Una amiga me compartía una noticia...

Este fin de semana, en un terrible accidente, una furgoneta colisionaba con un todoterreno en una estrecha carretera de montaña del País Vasco, despeñándose. La noticia recibida anunciaba el fallecimiento de un bebé de 16 meses y su abuela. El padre estaba grave, con la cadera rota, y la madre había sido ya dada de alta...

En este momento me cuesta escribir... Sí, ¡eran ellos!...

¿Dónde quedaban mis "tremendos problemas"?...

De verdad que no estoy en este momento para "exprimir moralejas"

Llevo tiempo pensando en "inaugurar este blog" así que sirvan estas reflexiones para hacerlo en homenaje a estas personas maravillosas cuyas vidas han sido sometidas a tan tremenda prueba y como postrer abrazo a su hija

Ojalá que la vida sea capaz de recompensarles como merecen en el futuro y les deje cicatrizar tan tremenda herida.

Andrés, Idoia... ¡os quiero!...

Ysel



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