viernes, 20 de febrero de 2015

50 sombras y... ¡cuanta idiotez!

He de reconocer que no puedo hablar con mucha autoridad sobre el tema ya que no me he leído los famosos libros y dudo te hubiese ido a ver la película si no fuese por las circunstancias que se dieron. 

No es el tipo de literatura que me apasiona y, cuando voy al cine, prefiero ver otro tipo de película pero era un día especial y habíamos quedado con una amiga que, a su vez, había quedado con otras para ver la mencionada película. He de reconocer que me agarraron por mi punto más débil ya que me dijeron que el objetivo era ir a cenar después y hacer una tertulia para ver qué nos había parecido, así que acepté.

Fuimos al cine y he de decir que la película me pareció más bien del montón salvo por algunos detalles de psicología que probablemente se han escapado a la mayoría de los espectadores. No tengo nada más que pensar, para ello, en cuando dicen lo inadecuado de la elección de los actores que a mí, repito, sin haber leído el libro y mirando sólo desde el punto de vista psicológico, me parece perfecta.

El comienzo me pareció una “pastelada” similar a otras tantas “Hollywoodadas” y, después el desarrollo, me pareció una mezcla facilona entre “Pretty Woman” y una versión muy descafeinada de “Historia de O” pero poco más. ¡Mucho ruido para pocas nueces!

La Tertulia estuvo interesante aunque la verdad es que se incluyó bastante entre las pizzas primero y los tequilas de chocolate después. La sorpresa vino cuando, después, empecé a leer críticas y comentarios de todas aquellas personas que miran por las cosas que “deben de ser” y “nos cuidan” sobre “las pavorosas agresiones a las que nos someten los medios”.

Como digo no puedo hablar con mucho conocimiento ya que ni he leído los libros ni pienso hacerlo así que sólo me puedo referir a la película en sí.

En cuanto al tema sexual, que parece que es el que tanta polvareda está levantando, decir que lo único que vi fueron unas relaciones libres y consentidas entre dos adultos que, en libertad y sin presión de ningún tipo, hacían lo que deseaban. Igualmente, con absoluta libertad establecían una reglas claras para dejar de hacerlo. No pude apreciar que nadie forzase a nada a nadie en cuanto al sexo se refiere. Si los inquisidores quieren hacer de la libertad un tema de pecado mortal ya es otro tema del que no voy a hablar aquí.

Y es que si los protagonistas deciden tener el sexo “clásico” del misionero, darse por culo (¡Dios mío, alguien me anatemizará por esto!) manosearse y masturbarse el uno al otro o darse latigazos creo que simplemente les incumbe a ellos siempre que como digo se haga con el conocimiento respeto y libertad. De hecho la película termina cuando uno de los miembros de la pareja decide no seguir soportando esas prácticas. Que haya detrás patologías psicológicas de uno o de otro creo que es otra cuestión y a nadie he oído nunca quejarse por películas en las que aparecen bastante más explícitas y en cantidad que en ésta (¡claro que no es en asuntos sexuales!).

Bien es verdad que una vez que se desata la polémica sí que he de reconocer que hay escenas absolutamente inaceptables; no recuerdo muchas pero algunas gritan violentamente, por ejemplo… ¿Cómo es posible que el señor Grey suba a Ana en un helicóptero sin informarla de donde la lleva y, por tanto, y dado el medio de transporte, sin capacidad para abandonarlo libremente cuando quiera?

Y… ¿Qué me decís cuando, sin pedirle opinión y sin más ni más, decide vender su coche y regalarla el que a él le parece bien? ¡desde luego una verdadera escena de abuso! ¡Estoy de acuerdo, me pareció muy fuerte! ¡Aunque más fuerte aún me parece que nadie se queje de esas escenas!!!

Y ya que estamos, “rizaremos el rizo”: Llegamos al cine unos minutos antes de que empezase la película así que nos obsequiaron con unos cuantas muestras de los próximos estrenos: Secuestros, asesinatos a mansalva, hostias (quien se vaya a escandalizar que mire antes el diccionario, por favor)  a diestro y siniestro de las más variadas maneras, tiros, carreras suicidas de coches…

Y yo me pregunto… ¿eso si es correcto? ¿nadie se queja de todo ello? ¿nuestros “pobres hijos adolescentes” no reciben “mal ejemplo” de todas estas cosas”? ¿Dónde están ahora los “moralistas y salvadores”?


A lo mejor resulta que es que, como en el gobierno, ¡sólo tenemos la sociedad que nos merecemos!

sábado, 7 de febrero de 2015

La manipulación permanente, el cambio necesario y la miopía generalizada, y el egoísmo en la clase política actual frente al espíritu de servicio

La manipulación permanente:

Ya Aristóteles tenía claro que la Democracia es “la menos mala de las formas de gobierno” y eso que la democracia griega de entonces poco tenía que ver con lo que ahora entendemos como tal.

Nuestra democracia hace que todos, con los mismos derechos, tengamos, entre otros, el de opinar sobre aquello que no tenemos ni la más remota idea, sin tener ninguna obligación de formarnos y documentarnos para tener algo de criterio sobre aquello que vamos a decidir. Es como si para planificar mis vacaciones y saber si mejor me voy a China, India, Jordania, Cañón del Colorado o Fiordos noruegos (por poner unos ejemplos“sencillitos”) le pidiese opinión a mi tío Julio, ese que nunca salió del pueblo y que sólo miraba la TV para ver el futbol, y, finalmente, tuviese que dajar la decisión en sus manos.

Sin formación específica sobre lo que se opina (y, lo que es peor, sobre lo que decide,) y sin ningunas ganas de documentarse con un mínimo de rigurosidad, e inmersos en la cultura “del periódico deportivo” y “de la TV basura del reality” el gobierno queda en manos de aquellos que saben gritar más fuerte y decir mejor “lo que se quiere escuchar” que, lamentablemente, casi nunca coincide con “lo que se debe hacer”

Llevamos ya demasiados años con una falta absoluta de Estadistas. Personas que, por encima de cualquier ideología e interés personal o de partido, piensen y actúen en beneficio del Estado.
 
Llevamos muchos años en los que el único discurso que se percibe desde cualquier lado de la política es “lo mal que lo hacen los demás”

Este permanente “todo está mal” bombardeado de un lado hacia el otro como una interminable partida de ping pong lo único que consigue es abonar el malestar, un malestar tremendamente fecundo para los ”vendedores de promesas falsas”, salvapatrias y bocazas que saben perfectamente los pingües beneficios que pueden obtener cuando siembran sus mensajes en el caldo de cultivo de un electorado con las características que ya hemos expuesto más arriba.

Los principales partidos políticos (y los no tan principales) no se aburren de espolvorear a los cuatro vientos las mierdas y miserias de los demás tratando de justificar lo injustificable en sus propias casas… Cuando Gobernaba el Sr. González el mensaje recurrente no era lo que se haría sino aquél famoso “váyase, Sr. González” Cuando gobernó el Sr. Aznar no parece que hubiese éxitos económicos y unas cifras de paro que nunca se han vuelto a ver. Cuando llegó el Sr. Zapatero (sorprendido en el gobierno por la desastrosa gestión de una campaña que tenían ganada sus oponentes) y llegó la crisis internacional no hubo un ápice de colaboración para tratar de afrontarla con el menor daño posible, ya que… ¡ya se sabe! Si a ellos les va mal… ¡ganaré yo!...

Cuando ahora las políticas (no voy a caer en la tentación de calificarlas) implantadas por el Sr. Rajoy nos permiten  atisbar un rayito de esperanza… ¡No hay éxitos! ¡Todo sigue fatal!!!

(De todas maneras aún me sigo preguntando, por apelar sólo a “lo más reciente” y sin ningún interés partidista por qué el Sr. Rajoy, cuando ganó las elecciones, en lugar de decir “me faltaba información y, por tanto no podré cumplir mis promesas electorales, así que dimitiré y convocaré unas nuevas elecciones con un programa que diga exactamente lo que haré” optó por “ahora que estoy aquí haré lo que me de la real gana, aunque nada tenga que ver con lo que prometí, y echaré la culpa a “la herencia”, esa herencia que el ayudó a crear torpedeando cualquier posible iniciativa… y no es que no reconozca que, tras ayudarnos a caer, no haya hecho lo posible –quizás lo único posible - “por ayudarnos a levantarnos”)

¡Un poco de seriedad, por favor!

¡¡En la cultura en la que estamos inmersos destruir es mucho más rentable, políticamente, que construir!! ¡Y así nos va! Porque el resultado es obvio: ¡La inevitable generalización! ¡Todo es una gran mierda! ¡Una gran mentira! “todos los políticos son unos corruptos”…

Y no, ni todo está mal, ni todos los políticos son unos corruptos ni todos los jóvenes son unos borrachos… definitivamente ¡NO!

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El cambio necesario y la miopía generalizada

Es más que obvio que el rumbo que llevamos no es el mejor; es obvio que hace falta un cambio importante; es obvio que los que nos han estado manipulando no pueden ser los que piloten ese cambio, pero también es obvio que no se puede “cambiar por cambiar”, sin mirar hacia dónde se cambia porque… a lo peor… por aquello de cambiar con los ojos cerrados… ¡ nos caemos a un precipicio!

Y es que los que más chillan…a veces nos guían a donde a ellos les interesa que no tiene por qué ser a donde nos interesa a nosotros. ¿saben de dónde viene la expresión “cantos de sirena”? Pues léanse “La Odisea” o, al menos, búsquenlo en Google, que seguro que está y será más sencillo.

Hay que cambiar, sí, hacia un sistema más ético y honesto, hacia un sistema de “personas de Estado” y no “partidistas rastreros” ni "bocazas y salvapatrias" hacia un sistema en el que, aún conviviendo las ideas, se vaya a la colaboración en lo obvio y no a la destrucción por sistema, en el que todo el mundo se alegre de los éxitos en lugar de los fracasos, en el que se aporten posibles soluciones concretas a los problemas en lugar de, simplemente, enunciarlos y magnificarlos aportando tan sólo un “hay que…” inconcreto y oportunista… o soluciones que suenan muy bien a los ilusos pero son imposibles de llevar a la práctica.

Hay que cambiar actuando a corto pero pensando a largo. La miopía nunca ha llevado a nadie a buen puerto con la velocidad necesaria y si que ha dado infinidad de “alegrías a corto” con “desastres a largo”

Cambiemos, si pero… ¿quién liderará el cambio?

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Egoismo en la clase política frente al espíritu de servicio

Tenemos instalada una clase política “profesional” empeñados en mantenerse en sus sillones como sea y estamos amenazados por una nueva avalancha de oportunistas ansiosos de instalarse ellos sin más.

Cómo me acuerdo de “El buen Visir Iznogud” empeñado en “ser Califa en lugar del Califa” o de “La rebelión en la granja” de Orwell, el mismo autor que “Gran Hermano”, no, no ese “Gran Hermano” tan popular, sino el que vamos caminando sin remedio casi sin darnos cuenta y sin quejarnos.

(independientemente de los miles de cámaras de tv que me vigilan por doquier se me ponen los pelos de punta cada vez que tengo que meter la matrícula de mi coche en el parquímetro, poner mi tarjeta “sin contacto” para acceder a los medios de transporte o “aceptar los cookies” en la páginas web, pero ya hablaremos de eso en otro lugar)

En fin, que me desvío del tema…

Señores políticos de unos y otros partido “clásico”. ¡tienen una tremenda responsabilidad y una importante tarea por hacer para ayudar a que no caigamos al precipicio! Seguro que ya la saben… pero se la voy a decir porque me temo que tienen las gafas empañadas de codicia y no son capaces de ver la falsa esperanza de su ansia de permanecer en el poder:
  1. Identifiquen en sus partidos (o fuera) profesionales bien preparados y honestos con energía y ganas de trabajar por la Nación (o “Las Naciones”, como quieran)
  2. Por supuesto… ¡No les hagan el favor de identificarse con ellos! Sino que denles libertad para aportar ideas nuevas
  3. Ayúdenles a comunicarlas y poder darse a conocer
  4. Dejen de "echar mierda" a sus oponentes políticos y esfuércense en explicar soluciones lógicas y entendibles dejándose de "hay que´s"
  5. Y, sin duda lo más complicado… ¡Vayanse! ¡Desaparezcan  de una p… vez sin hacer ruido y sin volver a aparecer nada más que en los libros de historia! 
Es posible que así, y sólo así, pudiéramos tener ciertas esperanzas de que las cosas tendiesen a ir bien

Y ahora… ¿mi opinión?

¡Mejor me la callo! Aunque no dejo de tener esperanzas por mínimas que sean…

¡Que Dios nos coja confesados! (o, a mis años, el futuro con el pasaporte preparado y un lugar perdido en medio de ninguna parte para descansar en paz con los mínimos ahorros que, de momento, aún no nos han expoliado)

Punto y seguido

Hace mucho tiempo (más de un año) que tengo abandonado este Blog que con tanta ilusión comencé, y no es “por falta de inspiración” ya que acontecimientos diarios no faltan como para estar todo el día alimentándolo y, aún, faltar tiempo, sino más bien por la, a veces insana, necesidad de “hacerlo bonito”, es decir, no sólo dejar fluir mis ideas al teclado a través de mis dedos sino, una vez hecho, corregirlo, darle formato, buscar fotos… 

He de reconocer que escribir o, mejor, volcar mis reflexiones, me apasiona y, así, tengo la carpeta del ordenador de “En curso” atiborrada de temas acabados pero inconclusos, sin embargo eso de “revisar y formatear” uffff

Sobre ello, encima, se suma aquello de que “una vez fallado… fallado para siempre” es decir, eso de que tras un firme propósito el primer error sirve de escusa para el abandono y, ya se sabe, por mucho que predique lo contrario… ¡Señor, Señor!

En fin, que creo que dado como van las cosas no me quedaré tranquilo si no “retomo” y escribo (procuraré en ciertos caso no "vomitar") lo que siento y pienso; que me daré permiso para “hacerlo regular” y que, si no sigo una determinada cadencia pues… ¡No pasa nada! ¿no?

Pasadas estas reflexiones voy a ver si me pongo a lo que ahora mismo tengo en la cabeza...


¡Con su permiso!