sábado, 7 de febrero de 2015

La manipulación permanente, el cambio necesario y la miopía generalizada, y el egoísmo en la clase política actual frente al espíritu de servicio

La manipulación permanente:

Ya Aristóteles tenía claro que la Democracia es “la menos mala de las formas de gobierno” y eso que la democracia griega de entonces poco tenía que ver con lo que ahora entendemos como tal.

Nuestra democracia hace que todos, con los mismos derechos, tengamos, entre otros, el de opinar sobre aquello que no tenemos ni la más remota idea, sin tener ninguna obligación de formarnos y documentarnos para tener algo de criterio sobre aquello que vamos a decidir. Es como si para planificar mis vacaciones y saber si mejor me voy a China, India, Jordania, Cañón del Colorado o Fiordos noruegos (por poner unos ejemplos“sencillitos”) le pidiese opinión a mi tío Julio, ese que nunca salió del pueblo y que sólo miraba la TV para ver el futbol, y, finalmente, tuviese que dajar la decisión en sus manos.

Sin formación específica sobre lo que se opina (y, lo que es peor, sobre lo que decide,) y sin ningunas ganas de documentarse con un mínimo de rigurosidad, e inmersos en la cultura “del periódico deportivo” y “de la TV basura del reality” el gobierno queda en manos de aquellos que saben gritar más fuerte y decir mejor “lo que se quiere escuchar” que, lamentablemente, casi nunca coincide con “lo que se debe hacer”

Llevamos ya demasiados años con una falta absoluta de Estadistas. Personas que, por encima de cualquier ideología e interés personal o de partido, piensen y actúen en beneficio del Estado.
 
Llevamos muchos años en los que el único discurso que se percibe desde cualquier lado de la política es “lo mal que lo hacen los demás”

Este permanente “todo está mal” bombardeado de un lado hacia el otro como una interminable partida de ping pong lo único que consigue es abonar el malestar, un malestar tremendamente fecundo para los ”vendedores de promesas falsas”, salvapatrias y bocazas que saben perfectamente los pingües beneficios que pueden obtener cuando siembran sus mensajes en el caldo de cultivo de un electorado con las características que ya hemos expuesto más arriba.

Los principales partidos políticos (y los no tan principales) no se aburren de espolvorear a los cuatro vientos las mierdas y miserias de los demás tratando de justificar lo injustificable en sus propias casas… Cuando Gobernaba el Sr. González el mensaje recurrente no era lo que se haría sino aquél famoso “váyase, Sr. González” Cuando gobernó el Sr. Aznar no parece que hubiese éxitos económicos y unas cifras de paro que nunca se han vuelto a ver. Cuando llegó el Sr. Zapatero (sorprendido en el gobierno por la desastrosa gestión de una campaña que tenían ganada sus oponentes) y llegó la crisis internacional no hubo un ápice de colaboración para tratar de afrontarla con el menor daño posible, ya que… ¡ya se sabe! Si a ellos les va mal… ¡ganaré yo!...

Cuando ahora las políticas (no voy a caer en la tentación de calificarlas) implantadas por el Sr. Rajoy nos permiten  atisbar un rayito de esperanza… ¡No hay éxitos! ¡Todo sigue fatal!!!

(De todas maneras aún me sigo preguntando, por apelar sólo a “lo más reciente” y sin ningún interés partidista por qué el Sr. Rajoy, cuando ganó las elecciones, en lugar de decir “me faltaba información y, por tanto no podré cumplir mis promesas electorales, así que dimitiré y convocaré unas nuevas elecciones con un programa que diga exactamente lo que haré” optó por “ahora que estoy aquí haré lo que me de la real gana, aunque nada tenga que ver con lo que prometí, y echaré la culpa a “la herencia”, esa herencia que el ayudó a crear torpedeando cualquier posible iniciativa… y no es que no reconozca que, tras ayudarnos a caer, no haya hecho lo posible –quizás lo único posible - “por ayudarnos a levantarnos”)

¡Un poco de seriedad, por favor!

¡¡En la cultura en la que estamos inmersos destruir es mucho más rentable, políticamente, que construir!! ¡Y así nos va! Porque el resultado es obvio: ¡La inevitable generalización! ¡Todo es una gran mierda! ¡Una gran mentira! “todos los políticos son unos corruptos”…

Y no, ni todo está mal, ni todos los políticos son unos corruptos ni todos los jóvenes son unos borrachos… definitivamente ¡NO!

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El cambio necesario y la miopía generalizada

Es más que obvio que el rumbo que llevamos no es el mejor; es obvio que hace falta un cambio importante; es obvio que los que nos han estado manipulando no pueden ser los que piloten ese cambio, pero también es obvio que no se puede “cambiar por cambiar”, sin mirar hacia dónde se cambia porque… a lo peor… por aquello de cambiar con los ojos cerrados… ¡ nos caemos a un precipicio!

Y es que los que más chillan…a veces nos guían a donde a ellos les interesa que no tiene por qué ser a donde nos interesa a nosotros. ¿saben de dónde viene la expresión “cantos de sirena”? Pues léanse “La Odisea” o, al menos, búsquenlo en Google, que seguro que está y será más sencillo.

Hay que cambiar, sí, hacia un sistema más ético y honesto, hacia un sistema de “personas de Estado” y no “partidistas rastreros” ni "bocazas y salvapatrias" hacia un sistema en el que, aún conviviendo las ideas, se vaya a la colaboración en lo obvio y no a la destrucción por sistema, en el que todo el mundo se alegre de los éxitos en lugar de los fracasos, en el que se aporten posibles soluciones concretas a los problemas en lugar de, simplemente, enunciarlos y magnificarlos aportando tan sólo un “hay que…” inconcreto y oportunista… o soluciones que suenan muy bien a los ilusos pero son imposibles de llevar a la práctica.

Hay que cambiar actuando a corto pero pensando a largo. La miopía nunca ha llevado a nadie a buen puerto con la velocidad necesaria y si que ha dado infinidad de “alegrías a corto” con “desastres a largo”

Cambiemos, si pero… ¿quién liderará el cambio?

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Egoismo en la clase política frente al espíritu de servicio

Tenemos instalada una clase política “profesional” empeñados en mantenerse en sus sillones como sea y estamos amenazados por una nueva avalancha de oportunistas ansiosos de instalarse ellos sin más.

Cómo me acuerdo de “El buen Visir Iznogud” empeñado en “ser Califa en lugar del Califa” o de “La rebelión en la granja” de Orwell, el mismo autor que “Gran Hermano”, no, no ese “Gran Hermano” tan popular, sino el que vamos caminando sin remedio casi sin darnos cuenta y sin quejarnos.

(independientemente de los miles de cámaras de tv que me vigilan por doquier se me ponen los pelos de punta cada vez que tengo que meter la matrícula de mi coche en el parquímetro, poner mi tarjeta “sin contacto” para acceder a los medios de transporte o “aceptar los cookies” en la páginas web, pero ya hablaremos de eso en otro lugar)

En fin, que me desvío del tema…

Señores políticos de unos y otros partido “clásico”. ¡tienen una tremenda responsabilidad y una importante tarea por hacer para ayudar a que no caigamos al precipicio! Seguro que ya la saben… pero se la voy a decir porque me temo que tienen las gafas empañadas de codicia y no son capaces de ver la falsa esperanza de su ansia de permanecer en el poder:
  1. Identifiquen en sus partidos (o fuera) profesionales bien preparados y honestos con energía y ganas de trabajar por la Nación (o “Las Naciones”, como quieran)
  2. Por supuesto… ¡No les hagan el favor de identificarse con ellos! Sino que denles libertad para aportar ideas nuevas
  3. Ayúdenles a comunicarlas y poder darse a conocer
  4. Dejen de "echar mierda" a sus oponentes políticos y esfuércense en explicar soluciones lógicas y entendibles dejándose de "hay que´s"
  5. Y, sin duda lo más complicado… ¡Vayanse! ¡Desaparezcan  de una p… vez sin hacer ruido y sin volver a aparecer nada más que en los libros de historia! 
Es posible que así, y sólo así, pudiéramos tener ciertas esperanzas de que las cosas tendiesen a ir bien

Y ahora… ¿mi opinión?

¡Mejor me la callo! Aunque no dejo de tener esperanzas por mínimas que sean…

¡Que Dios nos coja confesados! (o, a mis años, el futuro con el pasaporte preparado y un lugar perdido en medio de ninguna parte para descansar en paz con los mínimos ahorros que, de momento, aún no nos han expoliado)

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