Sin duda una de las grandes riquezas del Ser Humano es la extrema
variabilidad de los seres que forman el grupo, un grupo en el que se pueden encontrar
especímenes de casi cualquier categoría.
Me alegra el alma ver que, entre este universo de personas y
personalidades ha habido a lo largo de
la historia y hay hoy, sin duda, “Grandes Seres Humanos” que, a lo largo de su
vida, han conseguido que la vida de los demás haya mejorado y, de alguna
manera, han colaborado a que otras personas hayan podido tener los elementos
para ser un poquito más felices. No voy a caer en la tentación de ponerme a
enumerar pero, a poco que cerremos los ojos y nos pongamos a pensar, a todos se
nos ocurrirán montones de nombres de manera casi inmediata.
La primera cosa a remarcar en esta reflexión es que, evidentemente, si
pusiésemos en común esos nombres habría algunos que no se nos habrían ocurrido
a algunos y, otros, en los que coincidiríamos casi todos.
Tampoco entraré en el
por qué de esta situación, pero si quiero entrar en que, además de esos nombres
hay muchos más, millones, de personas
anónimas, o reconocidas sólo en sus círculos más cercanos física o
temporalmente, que, sin duda, también podrían incluirse en el grupo y que,
lamentablemente (y luego veremos el porqué de este adverbio) quedaron en el anonimato.
Tampoco entraré en el
por qué de esta situación, pero si quiero entrar en que, además de esos nombres
hay muchos más, millones, de personas
anónimas, o reconocidas sólo en sus círculos más cercanos física o
temporalmente, que, sin duda, también podrían incluirse en el grupo y que,
lamentablemente (y luego veremos el porqué de este adverbio) quedaron en el anonimato.
Frente a estos Seres Humanos
que colaboran o han colaborado a que todos pensemos que “la vida puede ser
estupenda” y que “hay personas que realmente nos alegran el alma” han
convivido y conviven depredadores, “almas negras” “Hombrecillos” (o “mujercillas”,
ahorradme tener que estar con estas mandangas a cada momento, os aseguro que
creo firmemente en la igualdad de todo ser humano –masculino- o persona –femenino-
) cuyo objetivo no es aportar, sino “recoger”.
“Elementos” (no se
si ensuciar el género “Ser Humano” encuadrándoles en él) que guiados por puro egoísmo o por psicopatologías de todo tipo se
dedican a crear sufrimiento en los demás con el único propósito de engordar su
ego o su cartera.
Lo triste (Y recojo aquí el “lamentablemente” anterior) es que estos “elementos” son más fáciles de
recordar que los del primer grupo (es tremendo que se recuerde más “el daño”
que “el bien”) y, más allá de que muchos de ellos, incluso han pasado a la historia
como “Grandes Conquistadores” y calificativos similares, unos pocos de “éstos” hacen que nos olvidemos de los muchos “aquéllos”
y que frente al “la vida puede ser estupenda” lleguemos a pensar con más
frecuencia que “este mundo es una gran M….”
Si cerramos los ojos seguro que se nos ocurren también muchos nombres “negros”
(y… ¡por favor! No, no me estoy refiriendo a razas!!!) del pasado…
Tengo otras reflexiones en marcha en las que profundizaré en estos y
otros aspectos y que iré publicando poco a poco pero, hoy en especial, tras
sufrir las noticias mañaneras (que escucho en la ducha para poder quitarme la
porquería según me cae encima) pienso en
algunos que, amparados en esos intereses particulares, son capaces de mover a
las masas y, tras generar euforias, claramente patológicas a corto plazo, y afiliar
fanáticos en sus causas, producen frustración, dolor y sufrimiento a medio y
largo plazo.


Hoy, en las noticias, como
desde hace tiempo, también nos obsequian con algunos de esos nombres de “prohombres”
en Italia, en esta “piel de toro”, y en tantos lugares…. “Hombrecillos” que hoy
mismo están regando y abonando su cosecha de sufrimiento, “hombrecillos” que
amparados en “causas” resguardan sus intereses privados… “hombrecillos” que
probablemente pasarán a la historia mientras que sus múltiples víctimas de todo
tipo quedarán en el anonimato…
A lo mejor, el día que
aprendamos a no quedarnos con lo primero que nos dice y suena bien, cuando
aprendamos a distinguir los rebuznos de las palabras, cuando “aprendamos de
verdad a ser seres racionales” las cosas podrán empezar a cambiar y cada vez
habrá más personas del primer grupo y menos “hombrecillos” y, por tanto, “elementos”
del segundo.
Al final la historia la
escribimos entre todos
¡No perdamos la esperanza!
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